Algunas reflexiones sobre la violencia de género
Hoy, 3 de junio, se realiza una nueva marcha bajo la consigna “Ni una menos”, con el fin de concientizar sobre la violencia de género, para que de una vez por todas sea erradicada.


Generalmente asociamos a la violencia de género con un golpe o daño físico, pero hay muchas situaciones que también son violencia y a veces, por falta de conocimiento sobre las mismas, pasan desapercibidas y no se denuncian. Reflexionaremos entonces sobre algunas cuestiones puntuales que sostienen y fomentan esta violencia.

Acoso callejero

De acuerdo a la Ley 5.742 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, “se entiende por Acoso Sexual en espacios públicos o de acceso público a las conductas físicas o verbales de naturaleza o connotación sexual, basadas en el género, identidad y/u orientación sexual, realizadas por una o más personas en contra de otra u otras, quienes no desean o rechazan estas conductas en tanto afectan su dignidad, sus derechos fundamentales como la libertad, integridad y libre tránsito, creando en ellas intimidación, hostilidad, degradación, humillación o un ambiente ofensivo en los espacios públicos y en los espacios privados de acceso público.”

¿Por qué esto es violencia? Porque es una práctica no deseada y causa un impacto psicológico que tiene consecuencias. Los efectos de estas situaciones perturban la vida cotidiana de las mujeres, haciendo que por ejemplo cambien los recorridos habituales por miedo a reencontrarse con el o los agresores. El temor a estas situaciones hace que la mujer no pueda caminar sola por la calle, sino que prefiera hacerlo en compañía. A veces, hasta modifica la forma de vestir para intentar disminuir el acoso y también puede cambiar los horarios en los que circula por la calle.

Los micromachismos

Los micromachismos son una forma encubierta de violencia de género que se reproduce en la vida cotidiana, debido a los estereotipos de género que hemos incorporado, en base a un sistema sexual binario que genera desigualdad de derechos y oportunidades.

¿Cuándo un hombre reproduce un micromachismo en la vida diaria? Cuando dice que “ayuda con las tareas del hogar”, asumiendo que eso es trabajo de la mujer. Cuando le cambia los pañales o le da la mamadera a su hija/o, y dice que “ayuda a cuidar las/os niñas/os”, dando por hecho que la encargada de cuidar y proteger es la madre. Cuando siendo el dueño de un local público coloca el cambiador de bebas/és sólo en el baño de mujeres. Cuando usa la palabra “feminazi” para referirse a una mujer que reivindica sus derechos. Estos son sólo unos pocos ejemplos.

La vulneración del consentimiento

En relación a la actividad sexual, es básico un término: consentimiento. El consentimiento no es definitivo ni eterno: Que una persona haya accedido a una actividad sexual con otra una vez, no implica que todas las veces haya disposición a la actividad sexual. Incluso el hecho de estar en pareja o matrimonio con alguien, no garantiza que el consentimiento sea eterno. No tenemos la obligación de mantener actividad sexual con nuestras parejas: si no queremos hacerlo, podemos decir “no”. Incluso habiendo accedido y estando en el momento de la relación sexual, puede que algo no nos guste, moleste, duela, incomoda o lastime, y ahí también podemos decir “no”. Jamás hay que someterse a una actividad sexual que nos perjudique para complacer a la/s otra/s persona/s. Todo lo que se haga en la relación sexual tiene que ser consensuado y consentido. No hay que dar “por supuesto” conductas que no lo son. Quizá una persona sólo accedió a dar y recibir caricias genitales, pero eso no implica que quiera realizar penetración o hacer sexo oral. Siempre hay que preguntarle a la/s otra/s persona/s si quiere o no hacer algo. Y si dice que no, NO es NO.

Cada vez que dudamos del testimonio de una víctima de abuso, estamos logrando que si esto le pasa a alguna persona cercana, no nos lo cuente. Porque le estamos demostrando que no le vamos a creer. Y después nos preguntamos por qué la gente tarda tanto tiempo en hablar de esto.

Obligar a parir es violencia

El aborto existe: se ha hecho, se hace y se hará. La discusión es si el aborto tiene que seguir existiendo en forma clandestina, o si tiene que ser legal. Nada más. Que no haya una ley, no significa que los abortos no se sigan haciendo: se seguirán realizando. El hecho de que sea legal, no implica que sea obligatorio, son cuestiones totalmente diferentes. El casamiento es legal, pero nadie tiene la obligación de casarse. La venta de tabaco es legal, pero nadie tiene la obligación de fumar. La adopción es legal, pero nadie está obligado a adoptar. Que algo sea legal, no implica obligatoriedad.

Debemos entender que la mujer no “nació para ser madre”, ni tampoco tiene la obligación de hacerlo. Las personas con capacidad de gestar no son cuerpos que funcionan como incubadoras de fetos. Una mujer no “se queda embaraza” por arte de magia, la embaraza el hombre que eyacula en su interior. Una mujer no “se realiza siendo madre”, ya que la maternidad es una decisión, la gestación será deseada o no será. Es algo básico pero inentendible para mucha gente. No legalizar el aborto, fomenta el machismo y la violencia de género.

La importancia de una educación feminista desde la infancia

Si queremos luchar por una sociedad justa e igualitaria en derechos, tenemos que educar personas feministas. ¿De qué manera? Enseñando por ejemplo que sin importar el género, llorar y expresar emociones es bueno. Ayudando a que cada niña/o vaya descubriendo su propia identidad y pueda ser quien siente que es. Permitiendo que elijan los juguetes y los colores que quieran: no hay juegos ni colores de “nenes” ni de “nenas”. Fomentando la autonomía en las tareas domésticas: todas y todos tienen derecho a saber lavar los platos, planchar la ropa, limpiar el piso, cocinar. Mostrando que existe la amistad entre hombres y mujeres. Explicando la importancia del consentimiento y el saber que simplemente el “no” significa “no”. No utilizando la palabra “nena” como insulto cuando un nene llora o no quiere ir a jugar fútbol.

Escrito por: Claudio Pilot

Licenciado en Psicología. Posgraduado en Sexualidad Humana y Consejería en Sexología Clínica. Director de la Diplomatura en Sexualidad de la Universidad de Congreso. lic.claudiojavierpilot@gmail.com

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