Aspectos psicológicos y emocionales del embarazo
Sabemos que no solo somos un cuerpo, que las emociones nos afectan y el embarazo no es la excepción.


En todas las personas podemos distinguir tres esferas: la física, la emocional (afectiva) y la psicológica, que son como piezas de un mismo engranaje que suelen tener ritmos armónicos para garantizar un perfecto equilibrio, que es, al fin y al cabo, lo que caracteriza a un buen estado de salud integral.

El estado psicológico previo a la gestación influirá positiva o negativamente, según sea, en la vivencia de esta experiencia tan vital para vos. De hecho, el que sea un embarazo deseado, buscado o casual (accidental) puede ser lo que diferencie la manera de vivir el resto del proceso. La motivación (deseo o necesidad) con la que se va a buscar un hijo puede encaminarte a tener una actitud favorecedora o generadora de salud para ti y para tu hijo.

Estar receptiva a la inmensa tarea que supone gestar un hijo hará que parte de los cambios hormonales que afectan habitualmente al carácter, sean más llevaderos, no solo para ti, sino también para tu pareja. Dicho esto, por supuesto que el hecho de afrontar esta etapa sola, con pareja o familia, también determinará unas vivencias más o menos satisfactorias.

Como todas las partes forman un todo, el estado físico puede influir en los estados psicológicos y emocionales, pero también puede ocurrir a la inversa, que el estado psicológico y emocional interfiera en tu estado físico, es decir, hay que procurar un estado de salud óptimo en todas las esferas que te conforman como persona.

Hay situaciones en las que la pareja tiene dificultades para concebir un hijo (esterilidad, infertilidad) y recurre a otras alternativas (inseminación in vitro, etc.) que ya de por sí, van a generarle un estado de ansiedad y estrés añadido, junto con la angustia o miedo una vez conseguido, a la pérdida del embrión y que a veces, marca el estado psicológico en lo que quede de embarazo. El coste emocional y psicológico es muy alto y pone a prueba la relación de muchas parejas. No sólo es que tengan que vivir el duelo, sino que lo viven como un fracaso personal, con decepción, desilusión y a veces, rechazo a iniciar de nuevo los tratamientos para un siguiente proceso.

Veamos qué ocurre en los diferentes trimestres

-El primer trimestre de embarazo

Este período se caracteriza por la presencia de estrés, ansiedad e inestabilidad emocional. Puede que la incertidumbre te invada al principio, sobre todo si no se ha confirmado por ecografía la gestación, pero pronto queda resuelto.

Y la emoción predominante que puede que tengas o hayas tenido sea la de miedo (no se tiene respuesta para lo que sucede). El miedo no siempre es “malo”, tiene una parte positiva porque nos hace ser cautos ante determinados peligros o situaciones de riesgo y nos conduce a comportamientos prudentes o cuidadosos, pero no es de este miedo del que hablamos. El miedo al que nos referimos es un miedo paralizante, que no deja ser ustedes mismos (puede que lo sientan los dos, aunque en diferente grado y experiencia). Y miedo ¿a qué? o ¿por qué?

Al principio no estás segura de estar embarazada realmente, de si es cierto que dentro de ti haya un nuevo ser, y te preocupas por su bienestar. Pero puede surgir el miedo a abortar, sobre todo si ya han habido experiencias previas, a que esté bien formado, a las relaciones sexuales (por si lo daña); en resumen, el estado de alerta a cualquier señal es enorme y el nivel de estrés que conducen a una necesidad permanente y casi obsesiva de confirmar el estado de “normalidad” de la gestación acudiendo a repetidas pruebas (ecografías) innecesarias o a acudir al hospital injustificadamente.

Otra emoción característica de este periodo puede ser la confusión, sobre todo cuando se dan sentimientos encontrados, es decir, por un lado, el deseo de tener un hijo y por otro el de mantener el tipo de vida que se tenía. La pareja es de gran ayuda para poder superar este estado. La alegría, puede vivirse sobre todo si tener un hijo es un proyecto de vida común en la pareja, un deseo intenso surgido de una necesidad de afecto y, sobre todo, si ha llegado al final de este trimestre sin ningún problema en los controles realizados, etc.

Y, por último, aunque afortunadamente menos frecuente, puede aparecer la tristeza, cuando la mujer no desea el embarazo, aunque lo asume y con el tiempo lo acepta, cuando no tiene pareja estable o esta le ha dejado sola o abandonada a causa del embarazo. Esto suele ocurrir, frecuentemente, en embarazos de adolescentes, convirtiéndolo en un embarazo de riesgo. En esta situación es la familia la que debe prestar la ayuda necesaria y la que proporcione todo el afecto que necesite y del que pueda carecer, para que el proceso sea vivido con la mayor normalidad posible.

-El segundo trimestre de embarazo

En general, esta etapa se caracteriza por la estabilidad y la satisfacción, sobre todo si han desaparecido las náuseas y vómitos que te mantenían en un estado de malestar físico.

Ya estás segura de que hay un ser en tu interior, empiezas a notar los movimientos fetales. Recordemos que no se trata de patadas, el feto no arremete contra la madre, en principio son evoluciones tenues, como burbujas o aleteo.

Sobre todo, hacia mitad de este periodo puede volver la intranquilidad hasta saber el resultado permanecéis en un estado normal de alerta o ansiedad que cesa cuando se confirma la normalidad de las pruebas, incluidas los análisis y la ecografía de la semana 20. Durante la espera es normal que te preocupe que tu hijo esté bien, que no tenga ninguna enfermedad, ni malformación.

Pero no debemos olvidar aquellos casos en los que la gestación sufre alguna complicación, obstétrica o personal, en cuyo caso toda la vivencia positiva puede verse sustituida por la negativa y aparecer estados como la depresión. Comunícate con tu pareja, es un buen momento para transmitirle tus inquietudes.

-El tercer trimestre de embarazo

Al principio del tercer trimestre, la alegría se mantiene: la ilusión por las compras y los preparativos están en auge, al mismo tiempo que surge el deseo de ver a su hijo y de tenerlo en los brazos.

Hacia el final de este periodo te sentirás más pesada, físicamente más incómoda. Ello te impedirá realizar algunas tareas y descansar bien por las noches.

Nuevamente, hacia el final de este trimestre surge el miedo a determinadas situaciones. Es frecuente y razonable sentirlo, pero debes intentar que no te paralice o impida tomar determinadas decisiones. Veamos:

• La aparición de las primeras contracciones, conocidas como de Braxton Hicks (el vientre se pone duro intermitentemente), que pueden hacerte creer que se adelanta el parto o que existe riesgo de parto prematuro y que si se mantienen en tiempo y frecuencia debes acudir al hospital.

• Posibles complicaciones de la placenta que puedan hacer que haya hemorragia y por la que si aparece también debes acudir al hospital.

• Disminución de los movimientos fetales, por otro lado, frecuente por falta de espacio pero que debes observar, porque en caso de que disminuyan mucho (menos de 3-4 veces/día) o que no los notes en un periodo de tiempo habitual, debes acudir al hospital.

• El riesgo de la pérdida del bienestar fetal y claro está, el miedo al momento del parto, que está próximo. Debes recurrir a lo que has aprendido en los cursos de preparación para la maternidad (P.I.M.) y tus capacidades para afrontar el dolor, por otro lado, subjetivo (personal e intransferible) y que no se asemeja a ninguno vivido por nadie que no seas tú. La vivencia del dolor está directamente relacionada con los recursos personales y la madurez con la que se afrontan situaciones “nuevas”. Por ello es tan importante acudir a estos cursos, en los que tanto tú como tu pareja, podréis aprender nuevas técnicas para afrontar el dolor y enfrentarnos a determinadas situaciones del propio parto.

No todas las mujeres desean una analgesia epidural; no siempre es posible administrar y no siempre funciona.

Escrito por: Ana Laura Gericke

Lic. en Obstetricia. Estudiante de Medicina. Payamédico - Instagram: @obstetriciamendoza

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Luján de Cuyo, Mendoza, Argentina