Capacidad multiorgásmica femenina
¿Puede una mujer cisgénero heterosexual lograr múltiples orgasmos en una actividad sexual con un varón? Anatómicamente “puede”, pero culturalmente “no debe”.


Para lograr una mayor comprensión de la temática, describiremos brevemente la denominada Respuesta Sexual Humana, la cual implica una serie de fases que se van sucediendo, y ha sido investigada y planteada por autoras/es como Masters, Johnson y Kaplan.

Todo comienza con el deseo, es decir, el querer, el tener “ganas de”, la existencia de fantasías o pensamientos eróticos. Si no hay deseo, es muy probable que no haya orgasmo.

Luego viene la fase de excitación, donde aparecen manifestaciones físicas notorias como, por ejemplo, aumento de la frecuencia cardíaca, respiración entrecortada, sudoración, erección del pene en el cuerpo masculino y lubricación en el cuerpo femenino. Para lograr una buena excitación y una satisfactoria relación sexual es muy importante realizar lo que se conoce como “juego previo”. Esto implica besos, abrazos, caricias no necesariamente genitales, pero que brindan la posibilidad de que se produzca una comunicación corporal, y ese contacto hace que vaya aumentando el nivel de intensidad de las sensaciones.

Lograda la excitación, se produce un mantenimiento y un progresivo aumento de la misma en la denominada fase de meseta. El tiempo de mantenimiento varía, depende de las edades, de la situación o del lugar donde se está llevando a cabo la actividad, del tipo de vínculo entre las personas, de la presencia o ausencia de alguna disfunción sexual. Pero después la excitación va aumentando hasta que sobreviene el orgasmo.

Podemos definir al orgasmo como “un instante subjetivo de máximo o extremo placer, que generalmente es producto de una estimulación sexual.” Es una descarga psíquica y física, que implica contracciones musculares involuntarias y rítmicas en la región genital. Dura sólo unos segundos, pero implica una situación de mucha satisfacción. A continuación, viene la fase de resolución, donde se produce una relajación muscular.

En el hombre cis, generalmente coinciden orgasmo y eyaculación (expulsión de semen al exterior) pero no son sinónimos. Es importante destacar que después de eyacular, se necesita esperar un tiempo de recuperación (tiempo que varía de acuerdo a la edad y al cuerpo de cada persona). A ese tiempo se lo conoce como “período refractario”, y es necesario para lograr otra vez la erección y hacer un nuevo ciclo de respuesta sexual. Esto sucede porque para la rigidez peneana se necesitan entre 80 y 100 centímetros cúbicos de sangre, que con la eyaculación vuelven a circular rápidamente por el resto del cuerpo, y es necesario esperar un tiempo determinado para que la zona genital vuelva a irrigarse de la misma manera y lograr otra erección.

La mujer cis, en cambio, después del primer orgasmo puede seguir con la estimulación sin esperar demasiado y lograr rápidamente otros orgasmos. Esto es así porque se necesitan unos 500 centímetros cúbicos de sangre para lograr la irrigación de los órganos internos, la erección del clítoris y la lubricación vaginal. Entonces, al ser mucho mayor la cantidad de sangre que se encuentra en la zona genital, la misma vuelve en forma progresiva al resto del cuerpo, lo que hace que sea mucho más lento el proceso con respecto a la anatomía masculina. De esta forma, es físicamente posible estimular el desarrollo de la capacidad multiorgásmica en muchas mujeres, ya que la zona puede seguir siendo excitada, para que la sangre no se vaya del todo y lograr prontamente otros orgasmos. Podríamos decir que es sólo cuestión de practicar para lograr orgasmos múltiples. Pero ¿esto es posible en la cultura machista en la que estamos?

La influencia del machismo en los orgasmos femeninos

Refiriéndonos puntualmente a personas cisheterosexuales, en una cultura machista, el placer sexual le es permitido sólo al varón y las mujeres se han convertido en una especie de objeto de ese placer. Es frecuente que el varón tome un papel dominante para lograr su satisfacción, y la mayor parte de las relaciones culminan los hombres eyaculan y tienen su orgasmo.

Las formas de crianza y educación machista de la mayoría de las mujeres, han censurado la exploración y el autoconocimiento con respecto a sus propios cuerpos. El clítoris está destinado exclusivamente al placer y sin embargo muchas personas no lo conocen y quizá nunca lo han estimulado por la presión de tabúes o mandatos sociales. Muchas mujeres han aprendido a sentir placer con culpa, vergüenza y pudor.

Culturalmente se sostiene la creencia de que el hombre tiene que satisfacer y provocar el orgasmo de su pareja, asumiendo erróneamente que es necesaria la penetración para lograr satisfacción.

De esta manera, muchas veces se cataloga a la mujer de “Insatisfecha” por no haber logrado un orgasmo, o por haberlo logrado y querer seguir con la estimulación para poder alcanzar otro.

¿Cuántas veces una mujer finge para conformar al hombre? ¿Acaso sólo él tiene derecho a experimentar placer? ¿Qué pasaría si una relación genital heterosexual acabase cuando la mujer logre su orgasmo, indistintamente de si el varón ha logrado el suyo?

En pocas palabras, con respecto al desarrollo de la capacidad multiorgásmica femenina, podemos decir que existe una posibilidad física, pero acompañada de una imposibilidad cultural y patriarcal que limita esta potencialidad.

Escrito por: Claudio Pilot

Licenciado en Psicología. Posgraduado en Sexualidad Humana y Consejería en Sexología Clínica. Director de la Diplomatura en Sexualidad de la Universidad de Congreso. lic.claudiojavierpilot@gmail.com

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2 Comentarios


  • Por: Cris
  • 08/10/2019 08:09:55

Me encantaría mandarle esta nota a varios monos! Excelentemente explicado Claudio. Felicitaciones!


  • Por: Lea
  • 07/10/2019 23:14:48

Gracias profe! muy claro, como siempre. Para reflexionar y poner en práctica!

Luján de Cuyo, Mendoza, Argentina