El “gran tema” en cuestión de Luciano Castro
¿Cuántas veces los varones se han sentido una “cosa” o un objeto sexual? Probablemente muy pocas, en relación a la cosificación que vivencian diariamente las mujeres.


Hace unos días salieron a la luz fotos íntimas del famoso actor argentino, Luciano Castro, vulnerando claramente el derecho a la privacidad, y el tema del tamaño del pene comenzó tomar el centro de la escena. Gran parte de los varones se sintió en desventaja anatómica y “culpabilizó” a las mujeres por mirar esas fotos, con frases como “tanto que se hacen las feministas y hacen lo mismo que nosotros con ellas”, “¿a dónde quedó la igualdad?” y otras frases más. Y como es típico del machismo, automáticamente se presupuso la heterosexualidad de las mujeres. Pero es más que evidente que no a todas las mujeres les gustan los hombres.

En la cultura machista en la que vivimos, una preocupación muy común de la mayoría de los varones cisgénero es el tamaño de su pene. Pareciera ser que un pene grande fuese garantía de poder, superioridad, masculinidad y virilidad. Pero, ¿es tan así? Absolutamente no. Todos estos son mitos, es decir, creencias falsas y erróneas.

Con respecto al tamaño promedio del pene, el “British Journal of Urology International” publicó los resultados de una investigación dirigida por el doctor David Veale, del King College de Londres y de la NHS Foundation Trust. Luego de realizar 17 estudios en los que se midió el tamaño del pene de 15.521 hombres, la investigación establece medias máximas y mínimas: en estado flácido, la longitud del pene es de 9,16 cm, estando erecto alcanza los 13,12 cm. Con respecto al grosor, se determinó una circunferencia media de 11,66 centímetros erecto y de 9,31 en reposo.

Por otro lado, debemos saber que de acuerdo a la composición anatómica del pene, cuando es sometido a bajas temperaturas, se contrae, reduciendo así su tamaño. Además, un pene en flacidez puede ser relativamente grande, y al producirse una erección no aumentar significativamente su tamaño. O, al contrario, puede verse muy pequeño en flacidez pero crecer mucho en estado de erección. También es importante saber que hay penes curvos y con variación de formas y tamaños.

Si un pene es grande, tarda más tiempo en lograr una erección y ponerse totalmente rígido, o incluso nunca logra un firmeza total. En cambio, si es de menor tamaño, la irrigación sanguínea se produce más rápido y hay mayor dureza.

Con respecto al desempeño en la actividad sexual, el disfrute y el placer tienen que ver con la actitud. La satisfacción sexual no pasa por una cuestión de tamaños.

¿Sólo los hombres tienen pene? Siguiendo el marco de la limitación cultural en la que vivimos, automáticamente asociamos lo anatómico con el género. Entonces, si en la ecografía se ve que el feto tiene pene, se dice “es un nene, es un hombre”. Pero el pene sólo es una parte del cuerpo, es decir, es algo biológico que determina al ser como “macho”, en el sentido animal. Pero como somos personas y no animales, es importante destacar que tener pene no define ni determina la identidad de género. Que alguien tenga  pene, no le hace “ser hombre”. De este modo, tanto los hombres cisgénero como las mujeres transgénero tienen pene. Debe quedar en claro que la identidad de género de una persona no tiene relación con su genitalidad. Y algo obvio, pero que nunca está de más recordar: si sos hombre cisgénero heterosexual, poseer un pene no te hace superior a las mujeres.

El gran tema en cuestión que se visibilizó no fueron las fotos ni el tamaño de un pene, sino la evidencia de que socialmente realizamos una “cosificación” de los cuerpos, es decir, tratamos a las personas como cosas u objetos, ya sea porque nos centremos en sus “atributos” o en sus “defectos”. Arbitrariamente se ha impuesto, a modo de estereotipos de género, lo que físicamente es agradable o atractivo, y aquello que no lo es. Los cuerpos que se asemejen a los cánones sociales de belleza son “alabados” y aquellos que se alejen, son “denigrados”.

Dentro de estos cánones, se tiene la expectativa de que el cuerpo femenino sea delgado, de piel blanca y pelo rubio, con pechos y nalgas prominentes y sin vellos, obviamente. Aquel que no “encaje”, puede ser modificado con tinturas, dietas, cirugías estéticas y otros procedimientos agresivos que intentan acomodar los cuerpos a lo que socialmente se espera.

¿Y los varones? Preferentemente con abdominales, pero si tienen un poco de pancita son agradables. O peludos, aunque también se ven bien depilados. Altos, aunque los petisos son simpáticos. Es decir, no hay muchos “requisitos” sociales con respecto a cómo debe ser el cuerpo masculino. Aunque hay uno que parece ser central: que el pene sea grande. Y acá, como siempre, la cisheteronormatividad deja de lado a los varones trans o intersexuales ya que, como dijimos, “ser hombre” no es sinónimo de tener pene.

En fin, sólo bastaron unas simples fotos para pensar que el machismo y la cosificación, ponen al pene en cuestión. Pero la problemática social en torno a la desigualdad de géneros va mucho más allá de eso. La masculinidad es tan frágil que, a veces, pareciera depender del tamaño un pedazo de carne.

Escrito por: Claudio Pilot

Licenciado en Psicología. Posgraduado en Sexualidad Humana y Consejería en Sexología Clínica. Director de la Diplomatura en Sexualidad de la Universidad de Congreso. lic.claudiojavierpilot@gmail.com

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2 Comentarios


  • Por: Alexis
  • 15/10/2019 20:09:09

Muy buena nota! Destaca el debate q género la foto del actor , exelente para reflexionar. Saludos


  • Por: Ana Maria Farruggia
  • 15/10/2019 10:51:20

Muy bueno Claudio!!!

Luján de Cuyo, Mendoza, Argentina