Discriminación por orientaciones sexuales y/o identidades de género
Este día contra la discriminación por orientación sexual, identidad y expresión de género es un día más para pedir igualdad y respeto, por eso el Licenciado Claudio Pilot nos lleva a una necesaria reflexión.


Usualmente se emplean los términos “homofobia”, “lesbofobia”, “transfobia”, “bifobia” y demás, para referirse a la discriminación de las personas que no son cisgénero y heterosexuales.

Con estos términos, se hace referencia al miedo, temor, rechazo a la diversidad sexual. Esto no tiene nada que ver con algo innato o instintivo, sino que varía de acuerdo a cada contexto, es decir, es algo cultural. La discriminación se puede manifestar a través de repulsión, agresión física y/o verbal, y es una conducta aprendida.

Es importante plantear que una “fobia” es un miedo irracional que paraliza, y presenta síntomas tales como aceleración del ritmo cardíaco, sudoración, respiración entrecortada, dolores de pecho y cabeza, sensación de ahogo, mareos, temblores, entre otros. Evidentemente, no le pasa todo esto a quien dice “soy homofóbico/a”. Entonces sepamos que el término “homofobia” no implica una fobia, sino que es una forma sutil y encubierta de discriminación.

Antes de continuar, es necesario mencionar que muchas personas dicen que “se elige” ser homosexual pero vale la pena aclarar que no es posible elegir la orientación sexual ni tampoco cambiarla, no es correcto decir “elección sexual” sino “orientación sexual”. Tampoco de elige ni se puede cambiar la identidad de género.

El Dr. Miguel Urbina plantea que este “temor” a la homosexualidad, puede sustentarse en dudas o sospechas frente al propio potencial homosexual. Es así que la forma de intenso rechazo que se muestra hacia lo homosexual en el mundo externo, disminuye y alivia los temores ante la homosexualidad existente en el mundo interno.

En relación a esto, en la Universidad de Georgia se realizó un estudio con hombres heterosexuales divididos en dos grupos, discriminadores y no discriminadores. Se les pasaron videos eróticos sexuales heterosexuales, homosexuales femeninos y homosexuales masculinos. Se les colocó un aparato para ver la reacción del pene frente a los estímulos. Frente a los videos heterosexuales y lésbicos, ambos grupos respondieron con excitación. Pero frente a videos gays, quienes respondieron con excitación fueron los discriminadores; los otros, no se excitaron.

La mal llamada “transfobia” está relacionada con el miedo a la confusión de géneros, es decir, el miedo a que una mujer vaya a dejar de ser mujer y a que un hombre vaya a dejar de serlo. Esto ocurre porque muchas veces se confunde sexo con género. Podemos decir que sexo tiene que ver con algo biológico y género con pautas culturales. Ser gay no implica que se sea más o menos hombre o mujer. Todas estas creencias tienen que ver con errores conceptuales, y la ignorancia y los prejuicios que tiene mucha gente en relación al tema. (Para ampliar información, leer la nota “Somos personas con identidades de género y orientaciones sexuales).

Desde el psicoanálisis, Freud habló del mecanismo de la proyección, que consiste en poner en un objeto externo algo interno que no es agradable para la persona. De esa manera, reconocer ciertos aspectos homosexuales a una persona  heterosexual no le es agradable, ya que es algo que no concuerda con “sus principios y valores morales”, entonces coloca en un objeto homosexual eso propio “desagradable”, “no aceptable”, “feo”, “pecaminoso”. Se detesta a una persona homosexual por eso propio proyectado.

¿Cuáles son algunos prejuicios típicos de la discriminación por orientación sexual y/o identidad de género?

Algunas personas piensan que “la homosexualidad es algo anormal, es una enfermedad”. Esta falsa creencia proviene de la heteronormatividad machista imperante, donde se considera natural a la heterosexualidad y como antinatural todo lo que no se corresponda con ella. (Para ampliar información, leer la nota Micromachismos).

Se piensa que “todas las lesbianas usan consoladores y que todos los gays practican sexo anal”. Esta es otra falsa creencia vinculada con el estereotipo machista que pone al pene como centro de la escena y que plantea que en toda relación sexual es necesario que haya penetración, "sino no hay relación" o está incompleta.

En relación al género, la cultura plantea que el hombre “tiene que” ser fuerte, masculino, dominante. Por el contrario, la mujer “tiene que” ser débil, sumisa, dependiente del hombre. Entonces, cuando un gay es femenino o una lesbiana es masculina, produce horror y espanto, y surge la idea equivocada de que "el gay es un hombre que quiere ser mujer" y "la lesbiana es una mujer que quiere ser hombre."

Además, se dice que “el gay que penetra (activo) no es tan gay como el que es penetrado (pasivo)”. Porque aparece la idea de que el penetrado se está colocando en rol de mujer, entonces "el activo es más hombre y no tan gay"; en cambio "el pasivo es más mujercita y más gay”.

Así como las mencionadas anteriormente, hay muchas más creencias erróneas. Sólo hemos citado algunas a modo de ejemplo.

¿A qué se debe este rechazo o este tipo de discriminación?

El pensamiento heterosexual impregna la cultura, la sociedad, la división de roles y poderes, el ser hombre y el ser mujer. Todo está impregnado de heterosexualidad. Las creencias religiosas son las principales responsables de imponer esta heteronormatividad y generar que se prohíban, desvaloricen, insulten y humillen las expresiones de otras orientaciones sexuales que no sean heterosexuales y de las identidades de género que no sean cisgénero. La existencia de la discriminación de la que venimos hablando tiene su origen en esta heterosexualidad que rige como norma social. No nacemos discriminando, a discriminar se aprende. Por eso, para acabar con la discriminación, es muy importante la Educación Sexual Integral con perspectiva de género.

Podríamos decir que el rechazo a las personas por su orientación sexual es común en quienes tienen conflictos con su sexualidad, están confundidas/os con respecto a su orientación sexual, y utilizando la proyección como mecanismo de defensa depositan sus aspectos homosexuales en el afuera, manteniéndose a sí mismas/os como heterosexuales.

La discriminación causa daño a las personas tanto a nivel físico como psicológico. Y  atenta contra la igualdad de derechos y de oportunidades en una sociedad, lo cual no es saludable.

Seguramente hemos escuchado o leído la frase “la homosexualidad no es una enfermedad, la homofobia, sí”. Debemos saber que así como la homosexualidad no es una enfermedad, la homofobia tampoco lo es. Rompamos con esta creencia. Lo único que faltaría es estar justificando a las personas que discriminan con “el padecimiento de una enfermedad”. A las cosas hay que llamarlas por su nombre. Lo que pasa es que queda mejor decir “soy homofóbica/o” antes que decir “discrimino y no acepto a quienes tienen una orientación sexual diferente a la mía”. Pero como dice el dicho popular: “lo que Juan dice de Pedro, dice más de Juan que de Pedro.” Es decir, al insultar o discriminar por orientación sexual, sin darnos cuenta, estamos expresando un deseo nuestro reprimido. Al decir “soy homofóbica/o”, coloco la responsabilidad afuera, en otra persona, y no me hago cargo de lo que pienso o siento. El decir “soy discriminador” supone reconocer la responsabilidad por lo que siento o pienso, y hacerse cargo de eso.

El amor es amor, es simple. Es un sentimiento que no entiende de género ni de orientaciones sexuales. No permitamos que la hipocresía social disfrace de “homofobia” a la discriminación. Y de ahora en adelante, antes de hacer un comentario discriminatorio, pregúntate qué deseo homosexual estás reprimiendo.

Escrito por: Claudio Pilot

Licenciado en Psicología. Posgraduado en Sexualidad Humana y Consejería en Sexología Clínica. Director de la Diplomatura en Sexualidad de la Universidad de Congreso. lic.claudiojavierpilot@gmail.com

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